Una jovencita casada

El verano entraba en su recta final y el termómetro colocado en el jardín marcaba los 35 grados otro día más. Un calor casi asfixiante en la horas puntas del día y que Gerardo aprovechaba para prolongar sus baños en la piscina aprovechando que el verano se resistía a dejarles.

-¡Cielo! -El grito sonó dulce, tierno, como unas melodiosas notas musicales resonando en el aire de improvisto-, hay un señor preguntando por ti.

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